El conjunto de rasgos o informaciones que individualizan o distinguen algo y confirman que es realmente lo que se dice que es, conforma lo que se denomina identidad. Los valores, tradiciones, símbolos, creencias y conductas que cohesionan a un grupo de individuos o a un sociedad y que les despiertan un sentimiento de pertenencia tienen que ver con la identidad cultural. El nombre, los hábitos, el nivel cultural de un individuo pintan generalmente su idiosincrasia. Santiagueños, salteños y tucumanos tienen particularidades de los distinguen entre sí pese a ser argentinos. Lo mismo sucede con los barrios de una ciudad. En Buenos Aires, por ejemplo, no es lo mismo San Telmo, que La Recoleta o La Boca. Cada uno de los cien barrios porteños tiene su propio perfil.

En las últimas dos décadas, San Miguel de Tucumán se ha poblado de barrios. La ciudad ha crecido desordenadamente, y muchos complejos habitacionales carecen de nombre y son llamados por el número de casas como 80 Viviendas, 260 Viviendas o 72 Viviendas. Otros llevan como apelativo siglas que pertenecen a las compañías constructoras o a gremios: SEOC I y II, Vial y Vial I, BGH, Sitravi I y II, Blasco I y II, Copiaat o Cooperget. Varios son conocidos como ampliaciones, así tenemos: Ampliación 17 De Agosto, 20 de Junio, Ciudadela, El Gráfico I, El Gráfico II, El Molino, El Parque, Jardín, Juan XXIII, Kennedy, O. Colombres, Padilla, San José Obrero, Victoria, Villa Alem y Ampliación Villa Muñecas. Otro se llaman curiosamente se llaman Loteo las Américas.

La ciudad tiene alrededor de 240 barrios; algunos cuentan con sólo dos o tres manzanas y desparramados caóticamente en algunos sectores de la geografía urbana. Si les preguntáramos, por ejemplo, a diez vecinos cuáles son los límites de Villa 9 de Julio, difícilmente se podrían de acuerdo porque estos no son claros.

Los nomencladores de las calles tampoco indican que tal arteria, a tal altura forma parte, por ejemplo, del Barrio Norte o Sur, de manera que al mismo ciudadano, si sale fuera de las cuatro avenidas, le costará saber cuál barriada está recorriendo. Los habitantes de un barrio pueden pasar su vida tal vez sin saber si pertenecen a los barrios Toledo, San José Obrero o Villa Puerto Darwin. Cuántas veces se escucha decir a alguien con orgullo: "Nací en Villa Alem" o "Crecí en Villa 9 de Julio" y cualquier otra persona se ubica rápidamente, pero aquel que dijera: "Soy del 72 Viviendas", tendría que explicar dónde queda.

Sería interesante que se realizara un reordenamiento limítrofe de cada barriada y se las consignara en los nomencladores de las calles. Del mismo modo, aquellos vecindarios identificados como viviendas, ampliaciones o siglas podrían tener un nombre surgido del consenso de los propios moradores. Se podría recurrir a nombres de tucumanos notables en el campo de la cultura, de la ciencia, de la historia, o a nombres de árboles (existen Los Tarcos, Los Plátanos) o de pájaros que tuvieran que ver con la flora y fauna provincial, o simplemente apelativos con los que una comunidad se sintiera identificada.

De esa manera, se contribuiría a que cada barriada adquiriera su propia identidad y desarrollara un sentido de pertenencia. Ello llevaría quizás a despertar la acción comunitaria entre sus habitantes y sus representantes que se ocuparían más de cuidar su vecindad y de hacerla progresar.